
Todavía no caigo de lo que logró este equipo. Un año y medio atrás estaba en descenso directo y hoy ya está programando los viajes a Rosario para jugar con Central, a Córdoba con Belgrano y a San Martín contra Chacarita, entre otros grandes del fútbol.
Alguna vez se tenía que dar. La tercera fue la vencida. En el 2007 Brown perdió una final contra el “poder” de Independiente Rivadavia, luego llegó a pelear otra vez (esta vez con menos chances) frente a Patronato y la revancha llegó.
El Conti es una fiesta, azul y blanco por todos lados, todo el mundo salta y grita quieren tocar a sus ídolos esos que son los verdaderos dueños de hacer el sueño realidad. Aquellos que jugaron con humildad, esfuerzo y sacrificio. Los que sienten la camiseta como el que está en la tribuna, sino mírenlo correr a Maurito Fernández y a alentar desde el banco a Javi Rodas.
Lo menos que uno puede sentir es orgullo, estos pibes dejaron la vida en cada partido. A veces jugando un futbol de otra categoría y otras trabajando los partidos como un equipo maduro y preparado a través de la inteligencia de “Cacho” Sialle.
Este plantel se merecía una revancha. Cuando terminó el partido frente a Patronato en Paraná (Brown cayó 3 a 0 y perdía toda las chances de luchar por el ascenso) fuimos con un grupo de hinchas a felicitar a los jugadores porque nos habíamos salvado del descenso. Nosotros nos conformábamos con lo que teníamos, un poco amargados por la derrota, pero lo importante era no bajar al Argentino “B”. Cuando entramos al lugar donde estaban cenando los muchachos no volaba una mosca. Los chicos estaban dolidos, no se conformaban con salvar la categoría ellos quería ir por la gloria. Ahí entendí que este equipo estaba para más, con jugadores comprometidos con la camiseta.
Por eso no me llamo la atención que en este torneo jugaran cada partido como una final. Porque ellos tenían una cuenta pendiente, un sueño, un anhelo… llevar a Brown a lo más alto. Lo lograron muchachos… ¡Salud campeón!
Matias Arrascoyta
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